La imaginación conservadora - Gregorio Luri

Libro del mes de febrero 2019.
Por Gregorio Luri
Editorial Ariel

Corren tiempos extraños. La política tradicional va camino de desaparecer, arrollada por la revolución tecnológica y por una nueva forma de comportamiento de sus actores, a quienes lo que se dice importa menos de cómo se dice. La lucha entre ideologías que marcó el pasado siglo ha dado paso a una mezcolanza de ideas generales, que la mayoría de los partidos comparten, o parecen compartir. Las diferencias entre unos y otros se sitúan en detalles y en cuestiones muy específicas, mientras se abandonan los grandes debates que permitían enfrentar complejos principios programáticos. El Parlamento ha ido degradando el nivel de las intervenciones hasta ofrecer espectáculos pintorescos. La mediocridad ha invadido gran parte de la escena política. En este complejo, probablemente desalentador y sin duda cambiante escenario, el profesor Gregorio Luri hace una defensa enconada del conservadurismo en La imaginación conservadora y por eso el libro de mes escogido por la Fundación Villacisneros no podía ser otro.

Puede resultar paradójico que, ante el declive generalizado, se acuda a una “ideología” tan denostada como la conservadora. El gran público tiene una percepción muy negativa de lo que es ser conservador, calificativo que asocia a ideas inmovilistas, anticuadas, carcas y ya superadas. Sin embargo, Gregorio Luri ensalza, sin avergonzarse, sus virtudes y su actualidad. En un interesantísimo trabajo, destinado tanto a los especialistas como al gran público, analiza y combina los principios que rigen el conservadurismo, los pensadores que han sostenido sus postulados y su encuadre en el presente. Aborda, además, los problemas que atraviesa la sociedad española desde una “óptica conservadora”. No duda en elogiar la prudencia, el respeto por las tradiciones, el realismo en la vida política, el sentido del presente y el sentido común.

En palabras del autor: “A lo largo de las siguientes páginas intentaré defender la existencia de una naturaleza humana, que es la del animal político, y que en ella se encuentran los argumentos que justifican el conservadurismo. Pero quiero intentar también otra cosa. Quiero mostrar que continúa siendo posible y, sobre todo, muy útil, dialogar con los pensadores conservadores de nuestra tradición, muchos de los cuales están hoy completamente relegados simplemente porque no hay nadie que se acerque a ellos con el prejuicio positivo de que (aún) puedan tener algo relevante que decirnos. Quiero ofrecerle al lector, en este sentido, nombres, ideas y argumentos de nuestra historia que, a mi parecer, siguen vigentes, y alejarme de esa seducción intelectual respecto a figuras de otras tradiciones que, siendo, sin duda, relevantes, no tienen por qué ocupar todo nuestro interés. Sería absurdo negarse a leer a Marx, Foucault, Rorty o Piketty. Pero más absurdo sería limitarse a leerlos sólo a ellos. El olvido de nuestra tradición, además de provinciano, supone la imperdonable perdida de la sensibilidad hacia las voces de nuestro pasado que nos interpelen directamente”.

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