Que la izquierda se halla sumida en una profunda crisis de identidad no es algo que deba extrañar al lector. Basta contemplar el panorama de los países europeos para constatar el retroceso generalizado de las fuerzas socialistas en todo el continente. Apenas unos pocos cuentan con gobiernos de izquierda y no hay figuras de renombre a nivel internacional que tengan la auctoritas suficiente para liderar una “revolución” ideológica con nuevas ideas y nuevos argumentos. España es un caso paradigmático: nuestro gobierno, que aterrizó en el poder gracias a una amalgama de siglas cuyo único objetivo era derrocar a la vilipendiada derecha, carece de programa y su único interés es la simple supervivencia. Las otras fuerzas políticas de izquierda han empezado a descomponerse o anda sumidas en laberintos nacionalistas de los que no quieren, ni pueden, escapar. En este escenario, el populismo se ha impuesto como herramienta de movilización, imperando el slogan frente al debate o a la razón.

El ensayista Félix Ovejero radiografía los males de la izquierda en su interesante trabajo La deriva reaccionaria de la izquierda. Se trata de un compendio de artículos que el profesor de Filosofía Política de la Universidad de Barcelona ha ido escribiendo a lo largo de los años y en los que explora los cambios sufridos por los partidos, los movimientos y los intelectuales de izquierda. Como afirma el autor, de la lucha por la razón, que inspiraba a los primeros socialistas, se ha pasado a unas políticas que simpatizan con los nacionalismos, se muestran esquivas con la ciencia y el progreso científico, rechazan sin ambages el proceso globalizador y tienen como principal activo político la confrontación y el rechazo. La queja y el “no” se han convertido en su único recurso argumentativo. Con cierta dosis de fina ironía y haciendo gala de un análisis clarividente, Ovejero construye un relato demoledor de la izquierda actual y clama por recuperar los valores de la izquierda ilustrada y racional.

Así lo explica el autor: “En este libro reúno trabajos de procedencia y naturaleza muy diferentes, los cuales, de diversas maneras, describen y analizan tal evolución. He utilizado distintas calificaciones para referirme a esa «nueva» izquierda: «infantil», «reaccionaria» o «zombi». Cuando remato el libro con este prólogo, si tuviera que quedarme con una, no sin estremecimiento, hablaría de «izquierda antiilustrada»”.