“No es insólito ser conservador. Pero si es insólito ser un intelectual conservador”

Cómo ser conservador

 

Autor del libro «Cómo ser conservador» – Roger Scruton

Editorial Homo Legens

Si hace unos meses recomendamos “La imaginación conservadora” de Gregorio Luri, este mes toca el turno a “Cómo ser conservador” de Roger Scruton. No se trata tanto de hacer una defensa de esta “ideología” (con todos los matices que encierra tal palabra), sino de avivar un debate político que en las últimas décadas ha tenido mucho de humo y poco de sustancia. Ante ideas espurias y frases vacías, la recuperación del pensamiento conservador, denostado en la centuria pasada pero esencial en la cultura occidental, puede ayudarnos a perfilar con mayor precisión los retos a los que se enfrenta la sociedad en un mundo complejo, global y en constante evolución.

Scruton es un personaje curioso. Filósofo, escritor, conferenciante, periodista… es difícil clasificarle en una sola categoría. Además, siempre se ha situado al margen de las instituciones educativas e intelectuales “oficiales”. Acérrimo valedor de los principios conservadores, en esta obra plasma con meridiana claridad su pensar. Siguiendo un estilo muy anglosajón, el libro combina experiencias personales con profundas reflexiones académicas y una mirada lúcida y aguda sobre la sociedad actual (aborda cuestiones tan controvertidas como la corrección política, la demolición de la familia o el papel de la Iglesia). Muchas de las reflexiones del pensador inglés no dejarán indiferente al lector, pero ¿qué mejor forma hay de estimular el debate que con un libro inteligente y sumamente interesante?

Veamos un ejemplo de lo que podremos encontrar en esta obra: “El conservadurismo surge de una intuición que todas las personas maduras pueden compartir sin problemas: la percepción de que las cosas buenas son fáciles de destruir, pero no son fáciles de crear. Esto es especialmente cierto de las cosas buenas que nos llegan como patrimonio común: paz, libertad, derecho, civismo, espíritu público, la seguridad de la propiedad y la vida familiar, en todas las cuales dependemos de la cooperación de otros al tiempo que carecemos de los medios para lograrlas por nuestra cuenta. En relación a tales cosas, la obra de destrucción es rápida, fácil y euforizante; la obra de creación, lenta, laboriosa y aburrida. Esa es una de las lecciones del siglo XX. Es también una de las razones por la que los conservadores se enfrentan a una situación tal de desventaja cuando se presenta ante la opinión pública. Su posición es correcta pero aburrida; la de sus detractores, emocionante pero falsa”.

“No es insólito ser conservador. Pero si es insólito ser un intelectual conservador”
“El conservadurismo surge de una intuición que todas las personas maduras pueden compartir sin problemas: la percepción de que las cosas buenas son fáciles de destruir, pero no son fáciles de crear”

 

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