El español es un ser complejo, descrito por nuestros más fieles aliados y por nuestros acérrimos enemigos con los mismos adjetivos: orgulloso, altivo, inculto, temperamental, terco, algo bruto, valiente, aguerrido… Contamos con una personalidad singular y pintoresca, que hemos paseado por todo el planeta, cuyos rasgos nos han permitido erigir un Imperio universal, pero también nos han conducido a varias guerras fratricidas y a la decadencia. No es fácil realizar un semblante de nuestro carácter y quizás sea mejor mostrarlo a través de aquellos extraordinarios personajes que han transitado por nuestra historia y contribuido a forjar la España que hoy conocemos. Muchos de ellos ocuparían, en una nación que honrase a sus héroes o sabios, un lugar prominente en cualquier relato de nuestro pasado. Nosotros, sin embargo, hemos tendido a olvidarlos, cuando no a menospreciarlos.

El periodista Jorge Bustos reúne en su obra Vidas cipotudas. Momentos estelares del empecinamiento español las biografías de treinta cinco personajes de distinta condición (guerreros y conquistadores, intelectuales, científicos, artistas, exploradores, místicos, herejes, escritores, empresarios…) que, a su juicio, han engrandecido la historia universal del disparate y que sembraron de memorables quijotadas el viaje comprendido entre la Hispania romana y un Estado miembro de la Unión Europa. Con un tono distendido, ágil e irónico, la obra avanza recorriendo las vidas de estas ilustres (o no tan ilustres) figuras de nuestro país, hasta conformar el mosaico del cipotudismo español.

Así explica el autor el propósito de su trabajo: “Y de ahí la necesidad de este libro. No solo por la dulce operación de recrearse en la nostalgia de lo que fuimos, sino también por la pedagogía urgente de una historia por cuya grosera deformación trabaja a diario el actual rebrote de hispanofobia, sea a cargo de los nacionalismos autóctonos, de los indigenismos poscoloniales o de la propaganda extranjera que a partir del siglo XVI conocemos como leyenda negra. No negaré que he escrito estas páginas con un punto de rabia y una medida de orgullo. Confío en que el lector note sus efectos”. A lo que añade: “el lector será testigo de sucesos inalcanzables por la más disparatada fantasía. Y quizá, solo quizá, experimentará una íntima reconciliación con los autores materiales de esa desaforada empresa que asombró al mundo y que aún se llama España. […] Desde un cómodo sillón del siglo XXI será excitante experimentar, creo yo, el contraste feroz con las vidas cipotudas de algunos de nuestros antepasados menos conformistas. O conformistas hasta lo inconcebible”.