Ante la situación crítica que estamos viviendo a causa del desafío separatista en Cataluña, se habla mucho de la Ley, de la democracia, del respeto a las normas, de la Constitución, como factores esenciales para mantener la unidad de España. Todo es cierto, pero este planteamiento se queda muy corto porque España es mucho más que un conjunto de leyes o una Constitución, por mucho que esta sea la Constitución que nos ha regido en los últimos cuarenta años. España es muy anterior a esos cuarenta años, al siglo XX o al siglo XIX, muy anterior a la Constitución de Cádiz y muy anterior a la unificación de los reinos cristianos tras la finalización de la Reconquista por los Reyes Católicos. España ha formado una unidad sentimental y casi siempre política desde los tiempos de los romanos, hace dos mil años. Los españoles estamos fuertemente entrelazados por siglos de historia común.

Y esa es una realidad poderosa que no se puede obviar y que nos obliga a mantener el legado que nos han dejado nuestros antepasados. Se lo debemos a las futuras generaciones de españoles que se merecen vivir en un país cohesionado y libre en el que puedan convivir en armonía. Las leyes pueden cambiar, evolucionar con el tiempo, pero su marco es el que les da sentido y proyección. Y ese marco solo puede ser España.

Nosotros, los españoles de hoy, no podemos permitir que esa herencia que hemos recibido sea mutilada. Es nuestra obligación preservarla y ha llegado el momento de que cada uno de nosotros, nos comprometamos con el bien común esencial que es la Nación Española. Cada uno tiene su propia responsabilidad y capacidad. Efectivamente, no es lo mismo ser Presidente del Gobierno que ser un ciudadano de a pie, pero todos sumamos si remamos en la misma dirección y hoy solo hay una dirección en la que remar: impedir que nos roben un trozo de nuestra patria.

Desde el año 2007, en que creé la Fundación Villacisneros he asumido como una obligación contribuir desde la sociedad civil a mantener valores fundamentales como la dignidad de la persona y el Estado de Derecho, teniendo como referente fundamental a las víctimas del terrorismo, los héroes de nuestro tiempo que durante décadas han sido atacadas para destruir nuestra Nación. Además, en la Fundación Villacisneros consideramos prioritario promover el conocimiento de la historia de España y de su patrimonio cultural para evitar ese desconocimiento cada vez mayor de quienes somos y de dónde venimos que conduce a precipicios como el que vislumbramos ahora.

Nuestro nombre, Villacisneros, es un homenaje a aquella ciudad del Sahara español en la que en el anochecer del 12 de enero de 1976, el coronel Torres, ante los últimos diez militares que restaban allí arrió solemnemente la última bandera española guardando un minuto de silencio “por los compañeros que en ese territorio rindieron el último servicio a la Patria.” Aquél momento histórico y su significado de entrega y generosidad, se encuentran tras la filosofía de la Fundación Villacisneros, desde la que tratamos de contribuir a la unión y el bien común de todos los españoles, sin que se arríe en ningún lugar de nuestra patria la bandera que nos cobija a todos, la única que nos proporciona el marco imprescindible para vivir en paz, libertad y prosperidad. En eso estamos, hoy más que nunca.