A principios de 2006, cuando el dirigente socialista Patxi López se reunió en San Sebastián con Arnaldo Otegui, una vez conocida la trastienda de la negociación llevada a cabo en secreto entre Zapatero y ETA, la madre de Joseba Pagazaurtundúa formuló un augurio terrible: «Patxi, dirás y harás cosas que nos helarán la sangre». El único error de Pilar Ruiz fue quedarse muy corta. Primero, porque el líder del PSOE vasco era solo un pequeño engranaje en una maquinaria de mentira y manipulación de la que ya formaba parte la izquierda, además del nacionalismo, y a la que pronto se sumaría también el PP. Segundo, porque la sangre de los españoles, lejos de congelarse ante tamaña felonía, siguió fluyendo tranquila por las venas de la sociedad. Con pocas excepciones honrosas, quienes deberían haber denunciado el chanchullo callaron y los llamados a castigarlo en las urnas premiaron el cambalache. En este caso, como en otros muchos, España ha cumplido a la perfección el refrán: «El muerto al hoyo, el vivo al bollo». Todo sea por «la paz», aunque esta ficción se construya sobre una viscosa base de ignominia, desmemoria, engaño e impunidad. Porque aún quedan cerca de cuatrocientos asesinatos por esclarecer y nadie se manifiesta en las calles exigiendo justicia para esas víctimas. Esos muertos no dan votos ni levantan la indignación de los comunicadores de moda.

Mañana viernes, dicen los enterados, los sicarios del hacha y la serpiente van a escenificar el penúltimo acto de su siniestro drama sanguinario con la celebración, en la localidad francesa de Cambo, de un aquelarre en el que participarán etarras, simpatizantes y «mediadores» a sueldo del contribuyente para informarnos de que los terroristas «dan por terminado su ciclo histórico y su función». El encuentro viene precedido de una carta destinada a rubricar que la banda «pone fin a su recorrido» al dar por concluida su «iniciativa política», como si el coche-bomba y el tiro en la nuca pudiesen calificarse de «iniciativa política» o como si el brazo político de la bestia, Batasuna/Bildu, tuviese la menor intención de disolverse. La traca final del espectáculo será un vídeo grabado que se prestará a emitir la BBC. ¡Quién te ha visto y quién te ve, presunta expresión máxima del periodismo de referencia!

Según lo publicado, en la grabación en cuestión aparece lo mejorcito de esa organización mafiosa anunciando la disolución de la banda: José Antonio Urrutikoetxea, alias Josu Ternera, máximo cabecilla de los pistoleros durante los Años de Plomo y pese a ello interlocutor del Gobierno en los inicios del «proceso», huido de la justicia con la aquiescencia implícita de las autoridades responsables de capturarlo (dado que hasta José Alcaraz Martos, ex presidente de la AVT, fue capaz de dar con su paradero y comunicárselo a quien correspondía). Mikel Albisu Iriarte, alias Mikel Antza, jefe de los terroristas en la época en que fueron diezmados los concejales del PP y el PSOE vascos con la pretensión de doblegar al Estado. Soledad Iparraguirre, alias Anboto, compañera y cómplice de esa alimaña.

¿Se nos helará la sangre escuchando las palabras huecas de semejante ralea criminal? A mí sí, desde luego. Jamás creeré nada salido de sus bocas de lengua bífida. Pero temo que estaré muy sola. El mero hecho de que se les haya permitido grabar esa basura indica que, como aventuró Pilar Ruiz, nos aguardan cosas mucho peores: el acercamiento a cárceles próximas a sus domicilios, terceros grados penitenciarios a mansalva y, en muy poco tiempo, la libertad, sin que nadie haga un ruido en las calles ni clame en las televisiones. Todo está pactado y se cumplirá.