En la primera escena de la obra de teatro Schlageter estrenada en 1933 el día del cumpleaños de Hitler, un actor declamaba “cuando oigo la palabra cultura ¡le quito el seguro a mi Browning!”. Parece que frase le gustó a Göring que se la tomó en serio.

A mi me pasa que cuando leo o escucho de mis políticos locales las expresiones memoria compartida, memoria plural e inclusiva, trabajar todos juntos por la memoria, trabajar para la convivenciao lo de que la memoria atañe a todas las sensibilidades,como mucho me atrevo a quitarle el seguro al teclado de mi ordenador. Eso después de haber evitado las naúseas y pasado los temblores.

Todas esas frases las dijeron los diversos grupos nacionalistas vascos (incluidos Podemos) en torno al asunto de la Memoria en una reciente sesión del Parlamento vasco (16 febrero 2017).

Verdaderamente se tambalea mi esperanza en el triunfo de la verdad.

Todas estas personas difundiendo en público (Parlamento, prensa o televisión local) esas expresiones sin ningún pudor es porque tienen una misión importante que resolver (parece que los demás no): dotar de lógica a su pasado para vivir cómodos en el futuro. ¿Cómo se resuelve un pasado, digamos, tan poco edificante, cuando no manchado de sangre? Con propaganda. Únicamente.

Ese tipo de expresiones en absoluto son espontáneas, no las han utilizado al calor del debate parlamentario sino que están tremendamente medidas, meditadas y sobre todo, consensuadas. Es la fotografía exacta de lo que se está pretendiendo inocular en la cultura de la sociedad vasca actual. Una sociedad que puede estar dispuesta a admitir ciertas distracciones en el relato (ya me está produciendo rechazo utilizar esta palabra) a cambio de que los que hicieron tanto mal dejen de molestar. Esos que, lejos de agachar la cabeza por ese pasado, la levantan orgullosos y retadores. Y ya puestos, aprovechan el viaje para plantear el acercamiento de sus compañeros presos y que la Guardia Civil vaya haciendo las maletas.

Memoria compartida ¿con los asesinos? ¿Entre el padre del niño asesinado en Hipercor o en Erandio y Josu Ternera, por ejemplo? ¿Habría que haber tenido en cuenta a los generales nazis para escribir la historia del holocausto?

Trabajar todos juntos por la memoria ¿trabajar junto a quién? ¿Junto a quienes hasta hace poco y durante 50 años han fomentado el exterminio de buena parte de nuestra sociedad?

Trabajar para la convivencia. ¿Somos los demás los que debemos hacer esfuerzo por convivir con quienes han cometido o apoyado más de 800 asesinatos?

Tanto trabajo para convencernos de que no hay que tomarse tan a pecho lo ocurrido. El que no se tomaron para bajar a la calle en las protestas contra los asesinatos. No estaban allí, lo sabemos. Si acaso estaban al otro lado de las concentraciones pacíficas. Que respondan por qué no dieron ese tipo de charlas en las herriko tabernas cuando se asesinaba. ¿Quieren que olvidemos dónde estaban entonces y cuál era su discurso?

¿Hablar de perdón, de convivencia antes de que haya arrepentimiento, reconocimiento del daño, actitudes humildes? Pase el tiempo que tenga que pasar, pero es obligatorio el orden en los factores. A qué tanta prisa. ¿Quizás para que estas nuevas palabras vayan calando en la sociedad como calaron tantas otras que nos explicaban el sentido de las acciones contra enemigos del pueblo cometidos por la organización? El lenguaje. Dice Víctor Klemperer en La lengua del Tercer Reich:

El nazismo se introducía más bien en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente.

El terrorista arrepentido Álvarez Santacristina Txelis que fue expulsado de ETA y se convirtió al catolicismo en prisión ha elaborado una lista de siete consejos sobre cómo pedir perdón, que él mismo dice que ha cumplido.

1. La petición de perdón, para ser auténtica y reparadora hay que hacerla desde la conciencia del dolor generado.

2. Pedir perdón de forma sincera no obliga a la víctima a tener que otorgar su perdón, ni siquiera a escuchar.

3. Aunque pedir perdón no constituye una exigencia para la víctima, puede ser una oportunidad para que la memoria del daño sufrido se asiente y se construya una paz reparadora.

4. Pedir perdón es un acto de humildad, pues te reconoces radicalmente falible y responsable del mal causado; no echar balones fuera, no buscar excusas, reconocer el mal.

5. También es un acto de valentía porque, lejos de toda arrogancia o sumisión deshumanizante a presiones externas, te atreves a enfrentarte al mal que has provocado.

6. Pedir perdón es un acto genuinamente humano, que muestra nuestra capacidad de reconocer el daño causado ante quienes lo han sufrido, es un deber de conciencia para con la víctima.

7. Si pides perdón, también ofreces humildad, sinceridad, remordimiento y empatía con el dolor de la víctima y su familia, muestras tu pesar por el mal cometido. En definitiva, ofreces y muestras tu sincero arrepentimiento.

Nada que no se recoja en un Catecismo elemental pero ahí están las palabras justas y ni una es memoria ni convivencia.