La belleza de España radica, más allá de su apabullante geografía, en su complejidad, en su diversidad, en sus tradiciones, en su milenaria historia y en el carácter de sus habitantes. Incluso quienes reniegan de su propia identidad forman parte de este insondable país, que durante siglos ha atravesado todo tipo de peripecias. Invadido en reiteradas ocasiones, pero nunca totalmente derrotado; obstinado y orgulloso, con apenas un puñado de hombres conquistó todo un continente y, con la misma premura con la que erigió uno de los grandes imperios de la humanidad, asentó las bases de su decadencia. Honorable y austero, no ha dudado en elevar a la categoría de héroes a pillos y pícaros, relegando al olvido a muchos de sus pensadores y sabios; tan odiado y admirado por sus enemigos como por sus propios aliados. No es posible permanecer impasible ante la imagen de una nación tan insólita.

El escritor y profesor (antes de que el término cayese en desuso, lo llamaríamos intelectual) Mauricio Wiesenthal reflexiona en su obra La hispanibundia. Retrato español de familia sobre aquellos rasgos que nos hacen, perdonen la redundancia, españoles.  Su trabajo, de una erudición incuestionable, pero de lectura amena y entretenida, recorre con ironía y fino espíritu crítico nuestra idiosincrasia, describiendo los claroscuros, las bondades y vilezas, las glorias y mezquindades, las creencias y las costumbres de nuestra nación. Los protagonistas de sus páginas son la historia, la literatura y la leyenda; la memoria del idioma, la religión, los romances, las artes… que en pequeños capítulos se abren paso para configurar un certero retrato de qué somos y de dónde venimos. Una lectura imprescindible para aquellos que, desencantados con el presente, busquen reconciliarse con España.

En palabras del propio autor, “La hispanibundia es la energía vibrante que produce el español al vivir, ya se crea o no español, lo acepte o no lo acepte; ya se encuentre en el exilio forzado o pretenda ser extranjero en su patria y extraño a los suyos. La hispanibundia no es un rasgo premeditado, sino una expresión irreprimible de la condición de español, que se hereda más por pertenecer a una patria que por formar parte de una nación. Hasta el punto de que todos los pueblos de España—por muy atinados y sensatos que pretendan ser—se vuelven hispanibundos en cuanto se les toca el delirio quijotesco de sus bandos, la tarasca de sus localismos o el asunto descomunal de sus caballerías”.