El lunes 16 de abril las fundaciones Valores y Sociedad y Villacisneros organizaron una nueva mesa redonda sobre “El necesario fortalecimiento de España”. En esta ocasión se abordó “La defensa de las raíces cristianas de Europa” con la participación de Jaime Mayor Oreja, Hermann Tertsch y el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla.

Jaime Mayor Oreja: Es necesario dar más alma a Europa, reavivar su dimensión moral.

En una sala abarrotada de público, el acto se inició con la intervención de Jaime Mayor Oreja quien advirtió sobre el nuevo orden mundial que se está estableciendo “sinuosamente” y que está asociado al mundialismo utópico y al relativismo. “Ese nuevo orden mundial pretende destruir los valores cristianos y está generando un enorme desorden en la vida política de Europa” afirmó haciendo también referencia a la causa profunda que esconde esta situación y que no es otra que la “pérdida de referencias permanentes, de convicciones”.  En opinión de Mayor Oreja, la crisis que vivimos no es solo económica es de la persona, “de actitud de vida” y es necesario hacerle frente defendiendo los valores en los que uno cree, sin resignarse sino todo lo contrario, atreviéndonos a decir no a las imposiciones. Para el exministro, Europa está amenazada por el afán de destruir los valores cristianos, base de nuestra civilización, por el pensamiento débil y la socialización de la nada, y la solución es reconciliarnos en valores, dar más “alma” a Europa, reaviviar la dimensión moral porque no puede haber proyecto político europeo sin valores. Por eso es imprescindible resistir, no resignarse, esforzarse para defender la verdad, sentenció.

Hermann Tertsch: Las Naciones vuelven y no están dispuestas a perder su identidad.

Hermann Tertsch afirmó que el pulso a las raíces cristianas de Europa empezó con la ilustración y la revolución francesa y tuvo su prolongación en el marxismo hasta el punto de que hoy en día se criminaliza la opción religiosa, al igual que la identitaria. “Se pretende sustituir a la religión por nuevas formas de redención humana inventadas por los hombres, por un frente socialdemócrata que pretende moldear a los individuos. “Las directrices que vienen de Europa traen leyes ideológicas como la ideología de género y la disolución de las identidades nacionales”, resaltó Tertsch a la vez que puso el ejemplo de la victoria electoral de Orban en Hungría para resaltar que las Naciones vuelven, que no están dispuestas a perder su identidad. Se lamentó de las situaciones que se han generado en algunos países de Europa, como Alemania, donde la política de inmigración ha cambiado la forma de vivir de las personas y ha generado una enorme inseguridad y previno contra los totalitarismos que no son capaces de convivir con quienes tienen otros planteamientos ideológicos. “Faltan anclajes para hacer frente al pensamiento líquido, referencias que vayan más allá del día a día de los políticos para mantenerse en el poder”, consideró haciendo referencia al cortoplacismo y la conveniencia que priman en la toma de decisiones políticas. La batalla por preservar las raíces de Europa no está perdida pero hace falta afianzar los anclajes que existen y que se están debilitando” fue su conclusión.

José Ignacio Munilla: Europa no está teniendo ninguna consideración hacia los cristianos perseguidos en el mundo.

La intervención del obispo José Ignacio Munilla se centró en desglosar la conferencia que impartió Benedicto XVI el 13 de mayo de 2004 sobre “Europa, sus fundamentos espirituales, ayer, hoy y mañana” que considera esencial para entender lo que está ocurriendo en Europa.

En consonancia con lo manifestado por Hermann Tertsch, Monseñor Munilla marcó el inicio de la secularización de Europa en La Revolución Francesa y destacó que Benedicto XVI ha sido quien ha hecho la mayor aportación para que en la Europa cristiana tenga cabida la ilustración.

Haciendo un recorrido por la reciente historia de Europa, expuso como después de la II Guerra Mundial se produjo un auge enorme de vocaciones misioneras, lo que él interpreta como una reacción ante el mal absoluto que supuso aquella terrible contienda. “El dolor afina el espíritu”, afirmó para explicar esta reacción de los europeos de la posguerra. Sin embargo, el desarrollo económico ha traído consigo hedonismo y materialismo, lamentó Monseñor Munilla quien considera que “1968 fue la quiebra definitiva de la Europa cristiana” y rememoró como el Papa Pablo VI se quedó solo cuando anticipó en su encíclica “Humanae Vitae” el suicidio demográfico en que hoy nos encontramos. “En Europa existe ausencia de deseo de futuro. Los hijos son vistos como una amenaza para el presente, como un límite”. También lamentó que en 1989, cuando cayó el muro de Berlín, Juan Pablo II pidió que Europa respirase por sus raíces pero “no le hicieron caso”.

Sin embargo, el obispo de San Sebastián cree que la providencia tiene caminos que no conocemos y que aunque Europa ha roto con sus raíces, “Dios tiene un designio para nosotros que iremos descubriendo”. Asimismo, asoció la inmigración a que en Europa “no nacen niños” y compartió el dato de que un tercio de los seminaristas en España son hijos de inmigrantes.

En cuanto a cómo debería ser Europa, Monseñor Munilla volvió a referirse a Benedicto XVI para exponer que el Papa Emérito estableció tres requisitos para que una Constitución europea respetase las raíces cristianas: reconocer el carácter incondicional de la dignidad humana, un valor de orden superior, prepolítico; que el matrimonio y la familia son la cédula fundamental sobre la que se debe basar la estructura social y el respeto a lo sagrado como la conciencia de la que la vida nos es dada.

Monseñor Munilla se lamentó profundamente de que “la cristianofobia se manifiesta en la política exterior de occidente que no ha tenido ni la más mínima consideración hacia los cristianos perseguidos en el mundo”, recordó que los patriarcas de oriente han condenado la intervención de Europa en Siria y denunció el desamparo absoluto en que se encuentran hoy en día los cristianos de Oriente Medio ¿Por qué Europa no los defiende?, se preguntó con la esperanza de que “el testimonio de los mártires despierte a Occidente de su letargo”.

Para terminar, Monseñor Munilla confió en que se susciten liderazgos y conversiones personales en el mundo católico y recordó que el año que viene se cumple un siglo de la consagración de España al Corazón de Jesús. “Este aniversario nos tiene que servir  para la renovación de nuestras raíces cristianas”.