Queridos amigos de la Fundación:

El placer y el honor es para mí, queridos Íñigo, María San Gil, Rocío y demás miembros de la Fundación Villacisneros.

Pertenezco, con orgullo, a esa generación de españoles que nos ponemos de pie (si estuviésemos sentados) al oír los acordes de nuestro Himno Nacional, en posición de firmes. Y no soy militar, aunque siento mucha simpatía por nuestros militares (entre los que tengo bastantes amigos) y por nuestro Ejército y, ¡qué decir! de nuestra querida Guardia Civil… Y entiendo que nuestro Himno no es patrimonio de los militares, sino de todos los españoles de bien.

Siento orgullo, también, al hablar y oír hablar de términos como Patria, Nación, nuestra Bandera, lamentablemente tan denostados hoy en una sociedad que camina sin rumbo, a la deriva por vientos soplados por nacionalistas y canallas (lo que ahora está de moda denominar como “populismos”) que quieren desmembrar nuestra querida España y acabar definitivamente y para siempre con Ella.

Es por ello, por lo que creo, como vosotros, que no debemos ceder ni un solo milímetro en nuestro compromiso con nuestra Patria, para hacer de Ella, una Nación cada día más fuerte, unida, cohesionada y poderosa, en todos los sentidos de la palabra, contribuyendo, también, a que ocupe el lugar que le corresponde en los ámbitos político, diplomático y económico internacionales.

Es un compromiso recibido de nuestros padres y que tenemos contraído con nuestros hijos de dejarles en herencia una España mejor, si cabe, que la que nosotros recibimos hace tiempo.

Espero veros con frecuencia en los Actos que organiza la Fundación, lo que haré encantado (como ya lo he hecho en el Acto de inauguración del Ciclo de Conferencias y Jornadas y la que se celebró el pasado lunes). También asistí al Acto de entrega del Premio de la Fundación a Esperanza Aguirre, en el que tuve la oportunidad de hablar, entre otras personas, con la valiente Ana María Vidal-Abarca, que en Paz esté, sin saber que sería la última vez…

Y en la proyección de la película sobre los ¡¡300!! asesinatos de la cobarde ETA sin resolver, y que muchas personas miraron hacia otras direcciones para que, de esta forma, prescribieran… ¡Pobres Víctimas, que ahora, ya desde hace años, “molestan”…!.

Me comprometo, además, a venir acompañado con más personas (ya lo he hecho) que se involucren con el fin de la Fundación: engrandecer a España, a través de la atención a las Víctimas del terrorismo y promover el conocimiento de nuestra Historia y de nuestro patrimonio cultural.

Os envío un cordial y afectuoso saludo.

Javier Godoy Gómez-Rodulfo